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CIRUGÍA RECONSTRUCTIVA
21/Julio/2005
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Tener un rostro malformado condenaba a miles de
personas a esconderse de las miradas del resto del mundo.
Los especialistas en cirugía reconstructiva
investigan desde hace años para que estos pacientes tengan un aspecto normal.
Esto es posible gracias a técnicas quirúrgicas complejas
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Un
grupo de cirujanos en todo el mundo lleva varios años desarrollando una serie
de técnicas complejas y delicadas, en caminadas a reparar las deformidades que
provocan algunos defectos congénitos, tumores o accidentes en el rostro de
muchas personas; la necesidad de corregir estas malformaciones no responde sólo
a motivos estéticos. Si no se solucionan a tiempo, la mayoría de ellas terminan
produciendo problemas más serios.
Desde
el principio de los tiempos, el hombre ha estado preocupado por su aspecto
externo. Aproximadamente en el año 400 a.C., Hipócrates ya intuyó que las
deficiencias en las suturas del cráneo repercutían en que ciertas personas
presentaran cabezas con formas extrañas. Posteriormente, diversos cánones de
belleza han marcado las pautas de lo estéticamente correcto en cada momento y,
aunque en algunas épocas la dictadura de la apariencia ha sido más rígida que
en otras, siempre ha sido importante tener y conservar un aspecto físico
agradable.
Sin
embargo, aunque disponemos de muchos recursos sencillos para mejorar nuestra
apariencia física (maquillajes, ropa, cosméticos, cirugía estética...), a miles
de personas la naturaleza, los genes o, simplemente, la mala suerte les niega
esa oportunidad desde el mismo momento de su nacimiento.
No
obstante, un puñado de cirujanos en todo el mundo lleva varios años intentando
enmendar estos errores. De esta forma, se han ido desarrollando una serie de
técnicas enormemente complejas y delicadas encaminadas a reparar las
deformidades, a veces espeluznantes, que provocan accidentes, tumores o
defectos congénitos en el rostro de miles de personas. En España, el pionero en
este campo es Adolfo G. Montoya. Este especialista, jefe de la Unidad de Cirugía Plástica
y Estética del Hospital de la
Zarzuela de Madrid, decidió hace años marcharse a Francia a
aprender de Paul Tessier,
cirujano craneofacial francés que ha sentado las bases de las técnicas
modernas, cómo recomponer caras y las cabezas deformes.
Actualmente,
Montoya también es presidente de la fundación Paul Tessier, una institución sin ánimo de lucro que lleva el
nombre del que fue su maestro y que está encargada de facilitar el acceso a los
procedimientos quirúrgicos más revolucionarios de los afectados por estos
problemas. Los pacientes son, en su mayoría, gente de extracción social baja
que desconoce que un cráneo mal formado puede arreglarse.
Hace
unas cuantas décadas, los afectados por las deformaciones craneofaciales se
veían condenados a la reclusión y al rechazo debido a su aspecto. Sin embargo,
hoy en día pueden hacer una vida completamente normal, ya que en bastantes
ocasiones no padecen ningún otro trastorno funcional, retraso mental, ni
ninguna discapacidad física. «Es una cuestión de justicia», explica el doctor
Montoya. «A pesar de que la incidencia es relativamente baja, con respecto a
otros defectos congénitos, si los sumamos todos, nos dan una cifra
considerable», continúa este especialista.
Y es
que, en realidad, la necesidad de corregir estas malformaciones no responde
sólo a motivos estéticos. Si no se solucionan a tiempo, la mayoría de ellas
terminan produciendo problemas de diversa índole. Por esta razón, éste y otros
especialistas dedican sus esfuerzos diarios a llevarle la contraria a la
naturaleza.
Craneosinostosis
Labio
leporino
Alejandra Rodríguez
Fuente:
http://www.el-mundo.es/salud/2000/388/00787.html