públicas esto merece una valoración de costo – beneficio. 4
(Aguilar Villanueva, 1992) En este sentido aquí conviene instalar una
aseveración debido a su fuerte relevancia social: En
México,
en las últimas dos décadas, han aparecido practicas y
ofertas eróticas que – en algunos casos- se han vuelto una industria, a pesar
de que esto significa un problema de salud pública y atenta contra la dignidad
de las mujeres.
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Las
pesquisas que se desataron a raíz de dar respuesta a la hipótesis previa, como
se ha dicho líneas atrás, permitieron ciertos hallazgos que conviene tener
presentes de antemano.
Los
"hallazgos" que se encontraron son de distintas naturaleza. Habrán de
registrarse en términos contextuales y no sólo textuales. Es así que estas nuevas
actividades y ofertas eróticas sólo pueden explicarse si
consideramos el contexto en el que reposan. Por una parte el proceso de
globalización y los impactos culturales que dicho proceso significa 5 y, por
otro; la ola de la filosofía neoconservadora de amplio alcance. Este
neoconservadurismo tuvo a sus más conspicuos militantes a Ronald
Reagan, en Estados Unidos y a Margaret
Tatcher, en el Reino Unido. La crisis del Estado
asistencia abrió la puerta y "dio sentido" a una ideología
beligerante en el que la moral (su moral) tenía un fuerte peso específico. 6 (Habermas, 1984)
Pero,
también concretamente para el expediente mexicano se evidenciaron algunos elementos
domésticos. En primer lugar, aquel referido a las nuevas actividades económicas
y que -como se ha señalado en la hipótesis previa- es posible explicarlas a
partir del nuevo modelo de crecimiento hacia fuera. De súbito, junto con
las modas y ofertas eróticas americanas, se instalaron franquicias del país
vecino a México en donde espectáculos de topless
(con table dance) encontrarían un
jugoso mercado.
Estas
nuevas franquicias comenzaron a operar en medio de un limbo jurídico, ya que
ningún ordenamiento legal contemplaba este tipo de ofertas eróticas, a pesar de
que este espectáculo en ciernes ya funcionaba desde hacia algunos años. Así,
los vacíos institucionales son indispensables para la explicación
de los males públicos desatados a partir del arribo de las nuevas actividades y
ofertas eróticas.
Lo
curioso es que hace apenas unos meses se llevó a cabo en la Ciudad de México una feria
popular en la que se exhibieron materiales pornográficos y se publicitaron
abiertamente servicios y prácticas eróticas. Es decir, aquello que las
autoridades se han rehusado a reconocer jurídicamente. Contra lo esperado, esta
feria rebasó con creces todas las 4 expectativas que se tenían contempladas. A
pesar de que se advertía en taquillas que en esta exposición no se exhibían desnudos
explícitos, esto no fue un motivo suficiente para desanimar la fuerte
afluencia. No se registraron percances en este recinto lascivo. Y a pesar de
que era evidente la inexperiencia de este tipo de ferias en la sociedad de la Ciudad de México, mujeres y
hombres hicieron largas colas para adquirir todo tipo de parafernalias
eróticas. El civismo y la tolerancia prevalecieron en todo momento. El marco
institucional que se registró en los asistentes, quizá no ha sido del todo
considerado o comprendido por los hacedores de las políticas públicas, en lo
que a asuntos de moral pública se refiere.