Profesionalizar la Educación Sexual
Carlos Ramírez Hernández
Sexólogo
"El dolor era
realmente normal, tenía un aspecto importante, era un sinónimo de castigo"
Foucault
A finales del siglo XVIII la historia
convencional trataba a los humanos como seres abstractos y raramente los
consideraban como personas que existían en sus propios cuerpos, eran regulados
quizá de manera sutil por el Estado y las instituciones.
La hipótesis represiva: Las personas que
sustentaban el poder en público eran sumamente puritanos, pretendían que el
sexo no existía, que la gente no tenía cuerpos. Esto formaba parte, además, de
su campaña contra las mujeres. Enseñaba a la mujer "sensata" que el
sexo no era algo lindo, y que cuando sus maridos querían intentar procrear,
debían pensar en algo más, como por ejemplo limpiar la cocina.
Mientras tanto, afuera, en las calles, había
prostitutas por todos lados, porque secretamente los victorianos eran
absolutamente locos por el sexo. Todo el tiempo se la pasaban pensando en sexo
y, dado que eran tan reprimidos, el sexo tenía a todos excitados y cada vez más
enfermos.
El edificio masivo de represión se mantiene y
se difunde con vigencia, lo que hace necesario que se profesionalice la
educación de la sexualidad.
Mi planteamiento es que la condición
indispensable para que las mujeres y varones alcancemos la categoría de
personas es liberarnos y tomar en nuestras propias manos el control de nuestro
placer. Alcanzar la autonomía personal necesaria para recuperar el propio
cuerpo, hacerlo presente y estar en condiciones para legitimar las acciones,
con base en el placer.