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Sexualidad y discapacidad
18/Julio/2005
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El derecho a una vida sexual satisfactoria
En México, aproximadamente el
10% de la población vive con una discapacidad evidente, y un 60% más vive con
alguna enfermedad que en un momento de su vida puede causar una secuela discapacitante.
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El
concepto de sexualidad puede provocar, en quien sufre alguna discapacidad,
pensamientos de imposibilidad o frustración; y es labor de los profesionales de
la salud la orientación sexual adecuada para modificar estos pensamientos. El
terapeuta debe reconocer que la disfunción sexual consecutiva a la discapacidad
puede no estar siempre fisiológicamente relacionada con ésta, y que es
fundamentalmente importante atender también la sexualidad de la pareja de la
persona con discapacidad.
El
importante incremento en la población de personas con discapacidad, hace
indispensable tomar en consideración a este grupo que, aunque minoritario,
cuenta con los mismos derechos de atención a la salud que cualquiera con una
discapacidad no evidente.
En
nuestro país, aproximadamente el 10% de la población porta una discapacidad
evidente; un 60% más vive con alguna enfermedad que en un momento de su vida
puede causar una secuela discapacitante.
Por
constituir un grupo minoritario, de miembros claramente identificables
alrededor del cual se entretejen mitos y prejuicios sexuales y hacia el cual la
sociedad proyecta sus temores y aversiones, nos hemos olvidado que la
sexualidad es un placer corporal y un goce subjetivo, manifiesto a través de la
totalidad del ser humano, no sólo de su soma.
La
reacción emocional a los conceptos de sexualidad y discapacidad pueden incluir
pensamientos tales como imposibilidad, frustración, retroceso, desinterés o
vulnerabilidad. Es claro entonces que se necesita un esfuerzo consciente tanto
de los profesionales como de las personas con discapacidad para modificar las
actitudes que conducen a dichos pensamientos.